La Mera Verdad

Estábamos a la mitad de un día soleado, con un calor rico. En mi 4Runner íbamos 2 amigas rusas y yo. manejábamos hacia la playa, música de “chill lounge” a todo lo que da, el quemacocos abierto, con nuestro frapuccinos de Starbucks, lentes oscuros, sombreros playeros, bikinis puestos con solo un vestido playero por encima. El escenario era espectacular, cuando respiraba profundo, olía el mar y a los protectores solares. Cuando llegamos a la playa, una de mis amigas voltea a mi ¡y se empieza a quejar de mil y una cosas! Yo solo pude quedármele viendo en asombro. ¿Como, porque, para que buscarle lo feo a un día perfecto? 

Tu realidad es única y especial, y esta formada por tus pensamientos. Yo bromeo con esta frase: “Mi esposo cree que somos pobres, yo creo que somos ricos, y los dos compartimos la misma cuenta bancaria”. 

Cada uno de nosotros, tenemos un dialogo interno que nunca para, todo el día, y toda la noche, nuestro cerebro procesa información que nos está llegando de estímulos internos y externos. 

Lo macabro, y en lo que hay que poner atención es, ¿Cómo escogí este dialogo interno? Me atrevo a decir que pasamos la vida sin detenernos a pensar en esto. ¿Se han fijado como los hijos imitan la forma de hablar y lo que dicen de la gente a su alrededor?  Así, igualito nosotros los adultos. Y es una vergüenza, porque hacemos a un lado nuestro ser genuino y original. Como quien dice, así es como se es, y así soy.

A través de mis viajes (recuerden que he trabajado viajando por 15 años), he notado como cada comunidad tiene su personalidad propia, la gente de Orange County, CA son así; mientras la gente de Houston, TX son asa, etc. 

Somos, sin ningún esfuerzo producto de donde crecemos, de lo que nos rodea, de nuestro ambiente, y de donde dirigimos nuestra atención. Y no tiene nada malo ser parte de alguna cultura, al contrario, es muy de humanos. El tema que si creo que es importante traer a la mesa de discusión, es el del dialogo interno. ¿Qué te dices a ti mismo cuando te ves al espejo? ¿Según tú, cómo crees que la gente te percibe? ¿Te dices a ti misma constantemente, oye ¡qué inteligente soy!? ¿O te dices a ti misma, mi mama bien que me decía que estoy burra? ¡Tenía razón, que pendeja soy! ¿Qué te dices a ti misma? La verdad, nunca dejaríamos que otra persona nos hablara de la manera que nosotros mismos nos hablamos. 

La regla del 80-20 dice que es 20% lo que sucede, y 80% el significado que le damos. En uno de mis libros favoritos Gabriel García Márquez dijo, y aquí hago una paráfrasis, “La vida no es como uno la vive, sino como uno la recuerda”. Cada pensamiento que uno tiene es una oportunidad para impulsarnos a nosotros mismos a ser una mejor versión de nosotros. Lo más difícil de cambiar nuestro dialogo interno es vencer la costumbre de los viejos diálogos. Pero podemos empezar poco a poquito a sustituirlos. Cada vez que yo pienso “¿Por qué nada me sale?” Lo sustituyo por: “estoy aprendiendo a hacer esto, ya me saldrá mejor la próxima vez”. Cuando me veo al espejo en lugar de decirme “¡Que gorda me estoy poniendo!” me digo a mi misma, “Gracias Diosito por dejarme disfrutar de la buena comida, y por darme un marido que me quiere sin importar como me veo”. Hay que tener compasión por uno mismo, hay que aprender a amarnos, oye, hay que darnos abrazos y besos en la mañana cuando despertamos. 

“Cada cabeza es un mundo”